La llamada de lo femenino
es para nosotras
profunda como el mar
y permanente como el cielo.
¿Cuál de nosotras la podrá dejar de escuchar?
Yo no pude, y no lo lamento.
Ahora el sufrimiento se convierte en dicha
y todas las dificultades
la llamada de lo femenino
las envuelve en su profundidad
como hacen el cielo y el mar.
¿Acaso no la oís hermanas?
Yo lo hago continuamente y susurra mi nombre;
¡Carla, Carla, Carla;
ven a mí!
siempre fuiste mujer.
Tú destino era ser transgénero
y ahora llegas a mí.
Carla Orquídea Roja
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